Después de cumplir su condena, mujeres salen de la cárcel sin tener a dónde ir

La falta de programas, protocolos y capacitaciones previas hacen que el hecho de salir de la cárcel se convierta en todo un reto lleno de dificultades para las mujeres. El día que Kenya Cuevas salió de Santa Marta Acatitla recuperó su libertad, sin embargo, el panorama no cambió del todo, pues tal como le sucedió en el interior de la cárcel, al exterior, la falta de oportunidades no se hizo esperar.

Como parte las audiencias del 168 Período de Sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la organización mexicana EQUIS Justicia para las Mujeres expuso la problemática sobre “Mujeres y criminalización de las drogas”. El fenómeno se ha visibilizado por el aumento de mujeres en prisión a causa de delitos relacionados con drogas, ya que en los últimos años se ha registrado un aumento de 53%, frente a un aumento de 20% en el caso de reclusión de hombres por el mismo delito.

La organización ha detectado que el perfil de estas mujeres radica en la pobreza, bajo nivel educativo, con un historial en el trabajo informal, y que han sido víctimas de violencia desde niñas, lo que ha contribuido de manera determinante en su rol delictivo. Asimismo, denunció que los centros penitenciaron de América Latina se han convertido en un lugar donde se violan los derechos humanos.

Sin embargo, esta situación no mejora al abandonar la prisión. Como parte de la audiencia, la activista Kenya Cuevas compartió su experiencia y dejó ver el gran trabajo que todavía se debe hacer en temas de reinserción social, la cual falla desde antes y después de salir de prisión.

Dentro de la prisión ya se da la discriminación laboral, Kenya cuenta que en Santa Marta Acatitla, a pesar de que existen dos fábricas, no se le dio la oportunidad de contar con un empleo por el simple hecho de ser mujer trans. Por lo tanto, no es posible generar un ahorro propio o prepararse para la salida.

Además, al salir, a las ex reclusas no se le brinda apoyo económico con el que puedan al menos costear su traslado, pasajes o alguna comida. “Si sales con 50 centavos, con esto te las tienes que arreglar”, no importa si la liberación se da en la madrugada. Debes caminar sola en la calle y enfrentar el miedo a cualquier movimiento, como el de los carros, que termina siendo algo nuevo e intimidante para quienes pasaron años sin atravesar una avenida. También aparece el miedo a no saber qué hacer, a dónde ir.

Cabe mencionar, que, con el fin de llevar a las mujeres a los centros penitenciarios exclusivamente femeniles, se les suele alejar de sus comunidades y familiares. Este factor influye en las estadísticas que reflejan una menor cantidad de visitas que reciben las mujeres, en comparación con la de los hombres.

Es común que los hombres salgan y vengan por ellos, que los reciban en su casa, dice Kenya, sin embargo, en muchos casos las mujeres tienen una suerte distinta. Como mujer trans las oportunidades se cierran, el estigma de los antecedentes penales favorece a la falta de oportunidades, lo que les orilla a ejercer la prostitución y las hace vulnerables a ser víctimas de crímenes de odio. Kenya considera que debería darse una capacitación a las personas que ya saben que serán liberadas, mínimo seis meses antes de salir de la prisión.

Ante la CIDH, la organización Equis Justicia hizo la petición para “establecer una resolución sobre el impacto de la criminalización de las drogas en la región, con énfasis en las muejeres, tomando en cuenta el impacto diferenciado en el encarcelamiento de las mujeres y diferentes grupos desde una perspectiva interseccional, intercultural y de género”.